Librería del Pensativo
La Guatemala de finales de los años ochenta era todavía convulsa, el futuro era un enigma. Parecía que la guerra llegaba a su fin, pero todavía retumbaban los bombazos en los cerros, y la violencia del Estado seguía cobrando víctimas entre la población civil. La más reciente Constitución de 1985 era avanzada y permitía actividades que antes estaban prohibidas, el gobierno y las guerrillas se encaminaban a la búsqueda de la paz. Era un buen momento para aprovechar a ampliar esa brecha en una larga historia de violencia.

       Viviendo en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México, Ana Cofiño, fundó, junto con Carmen Sánchez, la Librería Soluna en 1983 para ofrecer novedades editoriales, bibliografía sobre Chiapas y Guatemala, feminismo, libros de fotografía y arte, postales, artesanías, música, revistas  y sobre todo, atención personalizada de dos conocedoras. Esta librería cambió de dueños con el paso de los años, sobrevivió a un incendio y continúa en la misma calle Real de Guadalupe.

      De vuelta a Guatemala en 1987, y a propuesta de amistades queridas, se dio inicio al proyecto de otra librería similar, en Antigua, ciudad que también parecía tener un renacimiento, después de muchos años de terror.

   Cristóbal Pacheco era un jovencito recién salido de la escuela. Su padre lo había recomendado para que “se le enseñara a trabajar”. Su carácter apacible y el espíritu de aventura lo hicieron acoplarse al viaje que apenas empezaba. Eran tiempos en que todavía el ejército llegaba a los pueblos a cazar patojos para engrosar sus filas. Recuerdo a las mujeres fuera del cuartel, indagando por sus hijos, y a Chito corriendo como conejo para escapar de la conscripción militar.

        Mientras transformábamos el viejo local -que había sido una venta de repuestos para autos- y se iba adecuando a las nuevas necesidades, los pedidos de libros a México, Costa Rica y España transitaban los lentos caminos del correo aéreo y marítimo, los telegramas y más tarde, los fax. Bolsas sacas, cajas de cartón y paquetes de libros por encargo llegaron poco a poco, con títulos clásicos y novedosos de Historia, Antropología, Literatura, Arte, Fotografía y Feminismo. En la capital y con autores auto publicados, se consiguieron los títulos existentes sobre Guatemala en ese momento. El Seminario de Integración Social (SISG), la Universidad de San Carlos, el Instituto de Geografía e Historia, las editoriales Piedra Santa, Artemis Edinter y otras casas fueron los primeros proveedores. Pintores, fotógrafos y postaleros llevaban sus productos para ponerlos a la venta. Artesanas y una fauna de artistas surtieron también al espacio que abriría como Librería del Pensativo en mayo de 1987 con merecida celebración.

        El nombre de la Librería del Pensativo viene del delgado río que corre de norte a sur, al este de la ciudad, silencioso y discreto riachuelo que, con unos días de lluvia intensa, se convierte en un torrente furioso que puede arrasar lo que encuentre a su paso, como ha sucedido a lo largo de la historia.

    Desde el día de la inauguración, en mayo de 1987, la libre, como le llamábamos familiarmente, fue visitada por un público variado, nacional e internacional, que se entusiasmaba con aquella tienda de libros en la Calle del Arco, en La Antigua Guatemala. Efectiamente, era un lugar de encuentro, de entretenimiento, de búsqueda.

        En esos días también se estrenaba en Antigua, la Galería de Arte Imaginaria, el museo de música Casa K’ojom y diariamente la vida cultural se expandía, a la par -hay que decirlo- de la proliferación de bares y “antros de perdición”. Los libros también empezaron a reproducirse y multiplicarse; con mucha frecuencia se presentaban títulos nuevos o reimpresiones; era un nuevo estallido que nos sorprendía y ampliaba nuestro mundo de lecturas. En la capital surgieron otras librerías, como Luna y Sol, que tenía parentezco con la Soluna de San Cristóbal. Editoriales se fortalecieron y nacieron, la edición iba viento en popa pese a las dificultades propias del medio.

        En poco tiempo, la librería tuvo que crecer y se levantaron paredes y techo en un anexo que al principio había funcionado como galería de exposiciones. Allí se presentaron obras de artistas nacionales y extranjeras y se llevaron a cabo actividades de distinto carácter y formato: Pláticas feministas, foros, presentaciones de libros y fiestas locas y divertidas.

        En los noventa, se abrió un local en la ciudad de Guatemala, en el edificio La Cúpula, en la zona 9,  donde funcionaba un pequeño teatro y había un ambiente cultural movido. El café La Libre funcionó un tiempo, luego llegó la tienda Melómanos, con música de trova y latinoamericana. Allí también hubo actividades memorables en las que se veía cómo la democracia cultural se iba ensanchando.

        Desde el inicio del proyecto, hubo la intención de publicar libros, aunque expertos en el negocio no lo recomendaron. Ejercicios para definir espantos, del arqueólogo Carlos Navarrete fue el primer libro que salió con el sello de Ediciones del Pensativo, en 1989. La presentación fue memorable, porque estaba presente el autor y el historiador, Luis Luján Muñoz, como comentarista, y el vino corrió generosamente entre amistades y personas que no acababan de creer que esto se podía hacer en Guatemala. Además, venían intelectuales, periodistas y artistas que con su presencia hacían de aquellos eventos, verdaderos acontecimientos, puesto que se volvía a respirar un aire fresco para quienes se interesaban por nuevos conocimientos, discusiones, reflexión.

       Poco a poco fueron sumándose nuevos títulos a las publicaciones. El más significativo fue La Revolución Guatemalteca de Luis Cardoza y Aragón, a quien visitamos para pedir su autorización en su casa de Coyoacán, respondiendo sus preguntas sobre la Antigua en esos tiempos de postrimerías de la guerra. Esa edición de 1994 se hizo para conmemorar los cincuenta años de la Revolución de 1944. Se llevó a cabo un acto de presentación en el Museo de Arte Colonial que hizo pensar al público en cómo en Guatemala los tiempos se van traslapando, y sobre todo, cómo los cambios tienen sus ritmos, casi siempre más lentos de lo que se desea. Estábamos en un edificio colonial, que había albergado a la Universidad en el siglo XVII, hablando de una revolución que quedó interrumpida y que ahora volvía a mencionarse, luego de años de silencio forzado por la represión.

     La sensación que predominaba en el ámbito cultural del país de aquellos años, era que se estaba rompiendo los diques de la censura y la persecución. Autores y obras que habían sido

prohibidos, señalados de comunistas, se ponían sobre la mesa y circulaban a plena luz. Inolvidable fue la presentación en la antigua Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos, de las memorias de José Manuel Fortuny, el legendario comunista guatemalteco, secretario general del PGT, escritas por El Bolo Flores.

        Otro título que salió bajo nuestro sello más tarde, en 2004, fue Luchas de las guatemaltecas, trabajo y participación política de las mujeres en Guatemala en el siglo XX, de Lorena Carrillo, un texto que abría la posibilidad de acercarnos a la historia desde una perspectiva más integradora, en la que las mujeres eran protagonistas fundamentales. Este libro constituye un aporte invaluable para la historiografía guatemalteca.

       Y así, también se publicaron libros de autores como Rodrigo Rey Rosa, Horacio Castellanos Moya, Ruth Piedrasanta, Aída Toledo y Carolina Escobar Sarti, entre otros.

           La librería de la ciudad capital tuvo que cerrarse en los primeros años del siglo XXI. No era sostenible y decidimos ponerle más atención a la original casa matriz que seguía en su mismo local, ante un mundo que vertiginosamente exigía uso de tecnología y adaptaciones a los nuevos tiempos en los que hasta los libros se hicieron virtuales, así como el amor y las relaciones de pareja.

           En abril de 2010, un domingo a la hora de almuerzo, un cortocircuito eléctrico provocó que se incendiara la bodega donde estaban reunidos todos los títulos de nuestra editorial. Los bomberos pararon el fuego, pero el agua que usaron mojó todos los libros. El único que se salvó y quedó ileso, fue El pájaro sobreviviente, un libro de Arnoldo Ramírez Amaya que se había reeditado con base en el original de los años setenta. Sólo allí se calculó una pérdida de más de 15 mil volúmenes.

       Esta fue la señal para ponerle punto y aparte a un proyecto que enfrentaba varios problemas. Hacer negocio con libros en un país de mayoría de personas empobrecidas, donde el analfabetismo es muy alto, es uno de los obstáculos más evidentes. Otras dificultades se unieron para tomar la decisión de cerrar la librería, no sin dolor en el corazón. Esto se hizo un mes después, con una Venta de quemazón en la que se remataron las existencias: libros sucios, arrugados, con hongos, ahumados y quemados fueron saliendo durante varias semanas, hasta que se agotó la mayoría. Y el cuento se acababa, lentamente. El último día que se abrió, hubo vino generoso y un concierto de marimba interpretado por los jóvenes de la Casa Museo Luis de Lión de San Juan del Obispo.

           Cristóbal decidió abrir su propia librería en la ciudad capital, Vero y Tita abrieron la Librería Metáfora enfrente de donde estuvo Librería del Pensativo por más de 20 años. Fue como que nuestra entrañable libre retoñara. Silvia Pacheco, nuestra administradora y Emilio Morales, contador, se quedaron para terminar el proceso de cierre, y en la actualidad, continúan en la editorial.

        Pese a todo, la producción editorial ha continuado. En 2012 se volvió a reestructurar la editorial y en 2013 se abrió la Casa Pensativa como un espacio para promover pensamiento crítico, la creatividad, la libertad y la democracia, principios que la han movido desde el inicio. Nuevas autoras y autores, traducciones, libros de referencia, ensayo y literatura han venido a nutrir nuestro catálogo, del cual nos sentimos orgullosas, y que ustedes pueden consultar en:  Nuestros libros.

          El año de la peste, 2020, afectó también al mundo de los libros. No obstante, decidimos seguir bregando, dentro de condiciones adversas, y el Primero de mayo de 2020, Día Internacional del Trabajo, salió a luz El papel de la belleza, antología poética de Luis de Lión, autor que ocupa un lugar de honor en nuestra editorial. Esto significó mucho para el equipo porque sabemos qué calidad de libro publicamos. Además, es un libro que representa los ideales que esta editorial abandera.

       A pesar del confinamiento, hicimos varios conversatorios con autores de la editorial y comentaristas interesantes, interactuando con otras personas. Aprendimos a usar otras herramientas y a trabajar a la distancia, pero hasta hoy, seguimos manteniendo vivo el deseo de volvernos a juntar y abrazar. Seguimos con Susana Distancia y Debida Prudencia.